Voy a tratar a continuación la importancia de conocer lo que necesita el bebé en un determinado momento de su desarrollo, aunque no coincida con lo que el bebé demanda a los padres o con lo que los padres le ofrecen porque creen que es lo que quiere

Es necesario que tengamos en cuenta que este es un episodio normal, que ocurre en la vida familiar de muchas personas que tienen un bebé. Se van sucediendo cambios esperados y no tan esperados, por lo que no siempre sabemos si se trata de cambios evolutivos que el bebé busca de forma natural o, por el contrario, si los adultos son los que han propiciado que se den estos cambios, que no siempre son favorecedores del desarrollo normal. 

La razón por la que el bebé quiere caminar y no gatea es muy sencilla, él siente atracción por su papá y su mamá y suele alzarse para conseguir la relación y el contacto con ellos, que la mayoría del tiempo se encuentran de pie.  En definitiva, la mayoría de las veces, los padres han provocado en él un interés, ya que mantienen al bebé en posición vertical o le conceden un apoyo para que pueda hacerlo (una silla, un mueble o una andadora). Ahora bien, no resulta fácil para el bebé que no está preparado, alcanzar este nivel de forma armónica y, de otro modo, está comprometiendo y poniendo en riesgo la base de sustentación, que es la que le corresponde alcanzar por madurez en la etapa de suelo, a una edad que depende de cada bebé, pero casi siempre ocurre a partir de los 5 o 6 meses y se prolonga hasta el año o año y medio. 

Cuando el bebé que quiere caminar lo hace, o porque lo ayudan o porque busca los medios para conseguirlo, estamos anteponiendo su deseo o impulso, que en ese momento se ve propiciado por un estímulo reiterado como puede ser sentirse sujeto por los brazos y en posición vertical, a su verdadera capacidad motora, que es una respuesta biológica que va construyendo a medida que consigue moverse, siguiendo un patrón de movimiento coordinado y automatizado, cuando se hace un experto arrastrándose o gateando, que es y debe ser anterior a la conquista del movimiento al andar. 

Por lo tanto, hay que tener en cuenta que lo que en principio parece una ayuda, se convierte en un obstáculo para permitir que el bebé se suelte y comience a manejar su propio cuerpo y el movimiento, poniéndose en situaciones nuevas a las que debe hacer frente, adoptando actitudes de precaución, comprobación y búsqueda  de aprobación en muchos casos. Entonces, al bebé que colocamos en una posición, sin saber si es lo que necesita o no, lo estamos “estimulando” para que lo que haga impulsado por el deseo de satisfacer al adulto, por lo que es muy probable que lo consiga.   

Al bebé que vemos agarrado a los barrotes de un parque o a los piernas de mamá o al mueble de la pared, no lo vemos generalmente ni rodando, ni arrastrándose ni gateando, porque no conoce que puede hacerlo y nada ni nadie lo empuja a vivir esa experiencia, que es moverse por el suelo. En ocasiones se encuentran bebés de edades similares en situaciones de juego, en las que cada uno se comporta de modo diferente y es habitual encontrarse con el bebé que quiere estar en contacto con la superficie del suelo, para moverse libremente y alcanzar por sí mismo las cosas que quiere agarrar, y luego está el bebé, que ante esta situación, llora, esperando que el adulto lo sostenga en brazos o en posición vertical. 

¿Y qué debemos hacer? Nos tumbamos junto a él, rodamos por el suelo y seguimos trayectorias largas, luego nos arrastramos y llegamos al objeto. Más tarde jugamos a mover ese objeto por el suelo, para seguirlo gateando. Cuando el bebé descubre esta forma de desplazamiento, está preparado para iniciarse en la conquista de la etapa de suelo. 

Y la etapa de suelo para un bebé es necesaria, como lo es el gateo, porque ayuda a construir una estructura sólida y firme, la base para sostener todos los aprendizajes que se corresponden con niveles de madurez superiores, que alcanzará una vez completados con armonía los niveles inferiores y le llevará un tiempo, que varía dependiendo de que los adultos puedan ofrecerle esa experiencia maravillosa de explorar inicialmente el espacio, donde luego se alzará. 

Así que yo a los padres que me cuentan que “el bebé quiere caminar” y me piden consejo, les oriento para que no cometan los errores más frecuentes que impiden que el bebé pase por la etapa de suelo. Para ayudarle en casa, lo más importante es proporcionarle un espacio adecuado, con una superficie de suelo lo más amplia posible y colocarse en el suelo para vivir con él la experiencia. 

 

Para crear un espacio de juego idóneo dentro de casa deberíamos tener en cuenta: 

1) Que las zonas de juego deben ser espacios libres, aunque el niño debe poder tener a su alcance un saco o una caja no demasiado alta con algunos juguetes, que pueden elegirse para conseguir lo que queremos, por ejemplo: podemos poner alguna pelota, algo como un instrumento que él pueda manejar y que haga ruido al golpear suelo y algún pañuelo colorido, para jugar a hacer desaparecer cosas debajo del pañuelo. 

2) A medida que el niño se vaya familiarizando con el suelo y se mueva solo, sin que el adulto lo incite a moverse, debemos poner obstáculos, que pueden ser, por ejemplo: colchonetas, con globos debajo creando de este modo una superficie inestable, o colocándolas formando  túneles para que pueda ir por dentro de ellos. 

3) Es bueno para el niño vivir lo que vive en ese espacio, que hemos habilitado para él, en cualquier entorno exterior, libre de peligro, como bien podría ser el jardín de casa o huerto. Si no tuviéramos, pues sería conveniente llevarlo a un espacio libre como la playa o el parque, para permitirle ganar mayor experiencia motora y perceptiva. 

4) Lo que puede beneficiar al niño en el caso de que tenga hermanos mayores es que el hermano pueda acompañarle en el suelo y gatee con él. Pueden jugar a: perseguirse, a rodar, a trepar escalones…

5) Ayuda mucho a que el bebé sienta que el suelo es su sitio, el convertir ese espacio en el único posible cuando se trata de cambiarle pañales, darle la compota o dormirle a media mañana. 

Todas estos consejos creo que serán suficientes para ofrecerle lo que necesita y conseguirán cambiar el mensaje de que el bebé quiere caminar por el de el bebé disfruta en el suelo y ya caminará. En mis 12 años de experiencia no he conocido a ningún bebé que no lo hiciera, incluso cuando ha tenido alguna patología orgánica, lo que me ha llevado a comprobar que puede verse comprometido el desarrollo de un niño si no consigue alcanzar la etapa de suelo, tarde el tiempo que tarde.  

Es importante hacerlo a partir de los 6 meses (incluso antes puedes ponerlo en el suelo) y no siempre se acaba al año esta etapa. No es la edad la que marca la consolidación de esta etapa, sino que es su madurez y la necesidad de conquistar la siguiente, cuando la anterior se ha completado de forma exitosa. 

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