Es fácil jugar, pero proponer un juego que sea el que necesite el niño para entretenerse, aprender, relajarse…. es una tarea un poco más complicada, que requiere de atención a sus necesidades y a su motivación, teniendo en cuenta el espacio en el que trabaja, si está solo o acompañado, si el juego es de su interés.

Para nosotros los terapeutas encontrar un juego adecuado al niño es un reto al que nos enfrentamos cada día, también lo es para los maestros en las escuelas y para los padres en casa, por eso creo que es conveniente conocer cuáles son las finalidades del juego.

En la mayoría de los casos, el juego que tenemos previsto tiene una finalidad, pero si no atendemos a esa finalidad, decimos que hay variantes de ese juego dependiendo de qué buscamos.

¿Y si preparamos el juego de manera que ellos consigan seguir el ritmo que se les marca desde fuera o que la propia actividad les marca?

Cuando estimulamos el desarrollo lo principal es plantear un juego que sea atractivo para el niño, pero imponer un ritmo en la realización de la secuencia que le planteamos.

Son muchos los juegos que podemos elegir para esta finalidad: el desarrollo del ritmo, que presta la base necesaria para el desarrollo de aptitudes mentales.

Los juegos más simples son el toma-dame, donde existe un ritmo binario básico y a partir de aquí se pueden crear juegos de ritmos con pelotas, lanzamientos hacia un objetivo, juegos con gomets realizando secuencias de colores, juegos de ensartar bolitas en un collar, rompecabezas,..

Es necesario apoyar esta tarea que el niño realiza solo o con apoyo del educador, marcando con la voz o canción el ritmo a seguir, sobretodo en el caso en el que se pierde o no sigue la secuencia que le marca el juego.

El ritmo será el que consiga poner en marcha la atención y comprensión de aquello que hace.

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